EN LAS IMPERFECCIONES ESTÁ LA AUTÉNTICA BELLEZA

Según la RAE, un complejo es “un conjunto de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto que perturban su comportamiento”.

Los complejos, si nos centramos en los aspectos más psicológicos, se deben a percepciones distorsionadas de uno mismo que surgen al comprarse con otras personas o modelos impuestos por la sociedad y que acaban por producir pensamientos irracionales que llevan a la inseguridad, la falta de confianza en las propias capacidades y la pérdida de autoestima, afectando y condicionando la relación con los demás, la actividad profesional y, en definitiva, a la vida.complejos-espejo

Vivimos en una sociedad marcada por el triunfo por lo estético y no por la propia identidad. Los cánones de belleza cada vez son más exigentes y el hecho de que la publicidad y las redes sociales, últimamente, tengan más poder hace que nuestras inseguridades se muestren de manera más acusada.

Durante la infancia y la adolescencia es cuando se interiorizan los defectos, convirtiéndose en complejos. En esta etapa es muy importante la opinión que tiene el resto del mundo y del papel que juega uno mismo dentro del grupo social. Por ello, hay que tener cuidado, desde el ambiente familiar y escolar,  para que éstos no se conviertan en problemáticas y sigan manteniéndose en la vida adulta.

El caso extremo que se convierte en patológico se personifica en el Trastorno dismórfico corporal. Algunas personas enfocan su atención de tal forma en imperfecciones imaginarias o pequeñas en su apariencia que no pueden dejar de obsesionarse por ello. Estar constantemente preocupados y enfadados sobre las imperfecciones del cuerpo o la apariencia es lo que se conoce como el trastorno dismórfico corporal.

Los complejos sacan lo peor de uno mismo. No te dejan mostrarte seguro/a, estás a la defensiva siendo susceptible a pequeños gestos y palabras que interpretas como rechazo, observas y admiras las virtudes ajenas, pasando desapercibidas las propias, aparecen dudas que provocan la necesidad que la gente reafirme tu personalidad, inducen a que pases mucho tiempo pensando en el que dirán…Y lo más importante, es que tu autoestima se ve mermada facilitando que tu estado de ánimo sea depresivo en determinadas circunstancias y que tengas un temor exagerado al fracaso, lo que lleva la pasividad.

Ser diferente a los demás, no nos hace raros, sino nos hace especiales. Y es que todo depende del prisma con el que miremos las cosas. La perfección no es un rasgo al que tengamos que acudir y es que en las imperfecciones, está la auténtica belleza. Aquello que nos distingue es lo que marca la diferencia y que permite el recuerdo de lo importante.

Para los complejos del día a día, es decir, para superar todos esos defectos que nos convierten en unas acomplejadas, basta con mejorar la autoestima, con aprender a aceptarnos y con lograr valorarnos según nuestro propio criterio y no según el criterio impuesto por los demás. Desde Sanitas, nos facilitan una serie de pautas que permiten que dejemos de lado nuestro ideal de perfección:

  • Es fundamental aprender a valorarse por lo que uno es y no por lo que otros digan.
  • No hay que tratar de buscar la aprobación de los demás a lo que uno hace. Hay que actuar en función de las propias convicciones y criterios sin tener en cuenta lo que otros querrían.complejos-fisicos
  • Aprender a quererse y aceptarse con los defectos y las virtudes. Todos son así.
  • Hay que reconocer las propias limitaciones con naturalidad. Y utilizar el sentido del humor.
  • Buscar todo lo positivo que hay en nosotros y reforzarlo. Esto es lo que hay que enseñar a los demás, en vez de exhibir y hablar de nuestros defectos.
  • La autoestima se refuerza con pensamientos y actitudes positivas. Todo tiene siempre un lado positivo. Hay que evitar negativizar las cosas en función de nuestros defectos.
  • No hay que basar la actitud ante los demás y la actividad social en la apariencia externa, tratando de utilizarla para agradar a los demás. El trato cercano elimina los disfraces.
  • Ponerte retos y metas cercanas y accesibles para reforzar tu autoestima, pensando siempre en positivo.

Como conclusión final y, a modo de resumen, hay tres normas básicas que permiten o ayudan a superarlos:

  • tener un conocimiento de sí mismo y aceptarse tal como cada uno es.
  • realizar un esfuerzo personal para superarse.
  • abrirse a los demás, iniciar una apertura social.

Os dejamos para que le echéis un vistazo a este corto de animación tan divertido que trabaja la aceptación de los complejos:

https://www.youtube.com/watch?v=AJ1C3KKCDjguna-mujer-frente-al-espejo

Laura Ribagorda Gil

Psicoterapeuta de adultos y terapia de pareja

EL EFECTO CENICIENTA

No nos cansamos de ver en las noticias casos en los que aparecen mujeres muertas a manos de sus parejas. También es alarmante escuchar como el machismo y las conductas sumisas han crecido en los adolescentes. Desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, realizaron un estudio que demuestra que los adolescentes reproducen estereotipos machistas como revisar el móvil, imponer con quién puede relacionarse, controlar e, incluso, insistir en tener relaciones sexuales.

Desde la infancia, culturalmente se va creando un rol de género que se traduce cualidades-chicas-y-chicosen que ser chico es sinónimo de dinamismo, independencia y posesividad. En cambio, la mujer debe ser sensible, presumida y responsable.

Y es aquí, cuando surge el concepto de Efecto Cenicienta, es decir nos “disfrazamos” para agradar al príncipe y que éste pueda cumplir su papel de hombre Pigmalión, en el que pueda transformar a esa chica desvalida, que tiene menos valor que él, en una auténtica princesa. A su vez, la mujer recibe mensajes en los que tiene que demostrar que también puede ser reina y por eso vive anclada entre un mundo de protección y de peligros.

Este complejo de Cenicienta fue definido por Colette Dowling, haciendo referencia a aquellas mujeres que padecen este sindrome como motivadas por un deseo inconsciente de ser cuidadas, como consecuencia a un miedo de ser independiente.

Todo ello, y sabiendo que todo el proceso es mucho más complejo, puede provocar que las mujeres idealicemos a los hombres y que cuando encontremos a aquel príncipe que nos recate en su caballo blanco, no sepamos como separarnos a pesar de notar ciertos atisbos de machismo. El hecho de que haya cambiado mi comportamiento por él o ella hace que sea más difícil volver a mi yo real, puesto que el hacer y pensar cosas contrarias provoca un estado de tensión y desarmonía interna, que se conoce como disonancia cognitiva.

Además, a esto se une que no siempre la mujer o el hombre, víctima de malos tratos, ya sean físicos o psicológicos, tenga que tener una baja autoestima o ser débil, sino que también puede que se vea con superpoderes y pueda con la situación sin tener que pedir ayuda. Desde ambos polos, la persona aguantará estoicamente pensando que va a ser capaz de sacar el lado bueno.

Teniendo en cuenta esto, os dejamos una fábula conocida como El cuento de la ranita y el escorpión, que ilustra muy bien el hecho “no trates de engañarte con alguien creyendo que es o puede ser igual que tú; hay personas que sacaran su maldad sin importarles las consecuencias de sus actos, ni dañarse incluso a sí mismos”.

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo: —Amiga rana, necesito cruzar el río. ¿Podrías llevarme en tu espalda? —No. Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión— si te picase, me hundiría contigo y me ahogaría. Ante esta respuesta, la rana accedió. El escorpión se colocó sobre la espalda de la rana y empezaron a cruzar el río. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, el escorpión picó a la rana. La rana, al sentir picotazo y darse cuenta que iba a morir, le preguntó al escorpión: — ¿Por qué me has picado, escorpión? ¿No te das cuenta de que tú también vas a morir? A lo que el escorpión respondió: – Rana… mi amiga, no lo pude evitar, porque es mi naturaleza.

POR ESO, DÉJATE DE PRÍNCIPES AZULES PORQUE…

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Laura Ribagorda Gil

Psicoterapeuta de adultos y de pareja